Columna AL TANTO… Regreso seguro a clases: entre el temor y la incertidumbre

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José Antonio Ortega

Cielos plomizos y grises, cierran el mes de agosto. En plenitud la temporada de huracanes. Entrando por la costas del Pacífico Nora azota con furia a Jalisco y Colima. De largo pasó Ida  en el Atlántico. Lluvias pertinaces bañan el suelo patrio. Pese a todo, mitigan las altas temperaturas a su paso. La atmósfera se vuelve respirable.

La canícula con sus calores y sequías quedó atrás. Un delicioso olor a humedad y aire limpio le sucede. Llueve a todas horas, en todas partes. La tierra revive. El petricor se hace presente por la mañana, en veces por la tarde o noche. La vida fluye y los campos están reverdecidos.

Danzan el maíz y la caña, con sus espigas zarandeadas por el viento. La yerba silvestre aflora. La llovizna en las planicies da colorido al paisaje. Los sembradíos están listos para la siega y la cosecha promisoria. Es tiempo propicio para la recolección de los frutos que el campo prodiga. El verano se acerca a su fin.

Agosto queda atrás. Con su emblemático pasado. Con sus fechas que nos unen y nos distancian de la Madre Patria. La Caída de México-Tenochtitlán, el 13 de agosto de 1521. impulsada por un puñado de españoles capitaneados por Hernán Cortés. Ejecutada con furia por los pueblos sometidos al Imperio mexica, hace 500 años.

La firma de los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821. Suscritos por Agustín de Iturbide con  y Juan O´donojú, a la postre jefe político de la Provincia de Nueva España, Documento por el que logro la retirada de las tropas españolas de la capital. La Independencia de México sería reconocida oficialmente por España, el 28 de diciembre de 1836.

Sucesos que ya forman parte de la historia, de un México que no termina por consolidarse. Efemérides que sirvieron para centrar la atención en el pasado. En lo ocurrido hace 500 y 200 años. Acontecimientos recordados -sin pena ni gloria- en el octavo mes de este año. Bajo los cielos plomizos y grises, con los cierra el mes de agosto.

Mientras tanto…

En un escenario inédito, por segunda ocasión, inicia el nuevo ciclo escolar. Cosa de recordar que hace un año se hizo a la distancia. A través de la televisión y la radio. Con el programa “Aprende en Casa”. Ahora se hace de manera presencial, en lo que la autoridad educativa denomina como un regreso seguro a clases.

¿Qué tan seguro? Nadie lo sabe ni lo puede predecir. La tercera ola de Covid-19 está presente. La altamente contagiosa variante Delta no ha desaparecido. No obstante, más de 25 millones de niñas, niños y adolescentes, y dos millones de maestros y trabajadores de la educación regresen a las aulas.Este es el escenario con que arranca el ciclo escolar 2021-2022. Las ciudades salen del largo letargo en que las sumió la pandemia. Comienza a recobrarse la movilidad perdida. En medio de la lluvia, el tráfico avanza lento. Después de mucho tiempo, autobuses y vehículos vuelven a rodar.

Es la mañana del 30 de agosto de 2021. 500 años después de la Caída de la Gran Tenochtitlán, 200 del acuerdo por la Independencia de México. Las escuelas han vuelto a abrir sus puertas. La gente se anima, vence el miedo. Cuidando la sana distancia, algunos estudiantes regresaron a clases. Muchos no, sus padres están temerosos.

El nuevo ciclo escolar inicia. Sin abrazos ni contacto físico, las niñas y los niños se reencuentran. El regreso a clases no es ni volverá a ser como antes. No en tiempos de una pandemia que les mantuvo en aislamiento. Muchos de ellos han cambiado. Pasaron de la niñez a la adolescencia y de esta a la juventud. Otros tantos, no volvieron.

Es un regreso seguro a clases, afirma la autoridad. Una apuesta temeraria sostienen los indecisos. Pese a todo los estudiantes van. Con su cubrebocas, saludan a la distancia. Avituallados con caretas, gel antibacterial y toallas desinfectantes. Pasando los filtros de entrada a la escuela, de ingreso al salón. Las clases presenciales inician.

Por lo tanto…

Es deseable dar la bienvenida a esta nueva etapa. Poner el mayor esfuerzo y dedicación para concretar la estrategia. Para sea para el regreso híbrido, presencial o a distancia. De su éxito depende el futuro de México. Hagamos votos para que no se disparen los contagios.

No se puede descalificar ni condenar a priori el esfuerzo de maestros, alumnos y padres de familia por volver a clases presenciales. Tengamos en cuenta que la autoridad no puede renunciar a su obligación. Está obligada a garantizar el derecho que tiene todo individuo a recibir educación.

No queda más que confiar El cierre de escuelas ya no debe continuar. Los beneficios de la educación deben llegar a los más de 25 millones de niños mexicanos. La escuela está abierta para quienes de manera responsable, gradual y segura decida retornar a las aulas. Docentes y trabajadores de la educación decidieron volver.

Es deseable fortalecer y ampliar la inmunización. Inyectar más recursos a la Campaña Nacional de Vacunación. Urge que el biológico llegue a un mayor número de jóvenes. Intensificar las acciones. Sus beneficios deben alcanzar en el corto plazo a los adolescentes mayores de 12 años de edad.

Es imperativo destinar recursos presupuestales a la infraestructura educativa. Más de 207 mil escuelas en todo el país sufrieron algún tipo de daño. Carecen de agua o de luz eléctrica. En medio del abandono, muchas fueron saqueadas o vandalizadas. El interés superior de la niñez lo exige. Evitar una generación perdida, lo demanda.

Bien haría el Estado mexicano en entender que la política, no puede estar por encima de la salud y la educación. En lo relevante que resulta fortalecer ambos rubros. La revocación de mandato y la consulta popular puede esperar, para un mejor momento. Resulta inadmisible destinar cinco mil 743 millones de pesos, para un ejercicio de participación ciudadana que no urge.

Ese dinero debiera destinarse a las escuelas. Al fortalecimiento educativo de las nuevas generaciones. El sector salud lo agradecerá. Este es un momento crucial para la patria. Para el nuevo tiempo mexicano en el que la LXV Legislatura del Congreso de la Unión tiene la palabra. Al menos de aquí al último día de agosto, pero de 2024.


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