Columna VERDADES MENTIROSAS… BASTA DE MORIR. A la memoria de Guillermo Fernández

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   “Que nada cante, ni más allá ni más acá de la vida”

                Guillermo Fernández

Gerardo Lara

El 31 de marzo del 2012 varias alumnas del taller de poesía “Joel Piedra” acudieron a la casa de su maestro GUILLERMO FERNÁNDEZ que no se había presentado a la sesión ni contestaba el teléfono, llamaron a su puerta y tampoco respondió, buscaron a un cerrajero que forzó la cerradura. Al entrar a la estancia las discípulas del maestro perdieron el aliento; el poeta yacía muerto, asesinado de manera violenta, golpeado en la cabeza, desnudado y atado de pies y manos.

Resulta paradójico que Guillermo haya perdido la vida en su propia casa, que se supone es el lugar de la tranquilidad y la seguridad, mientras que toda su vida transcurrió en la azarosa aventura, desde que huyó del seno familiar en su natal Guadalajara a los 8 años de edad hasta el fin de sus días.

Cuando cumplió 8 años y abandonó su casa, ya había desertado de la escuela, aunque sabía leer y escribir, por lo que pudo dejar una carta/despedida para su madre en la que establece:

” He decidido nacer de nuevo”.

Guillermo no regresará jamás, en plena infancia emprendió una especie de fuga hacia adelante, ¿quién sabe de qué huye?  y ¿quién sabe hacia dónde va?, tal parece que se define tan solo por el ansia errante de un prófugo auto marginal; en palabras de Jorge Esquinca” Es una sombra en busca de su cuerpo”.

Eligió la incertidumbre como una forma de vivir y llenó su trayecto de actos poéticos, ese niño de 8 años que decidió “nacer de nuevo”, es alguien inoculado por la magia de la poesía desde muy temprano y que por ello vivió múltiples vidas, todas inaprensibles, inclasificables como su obra y el personaje mismo.

Su recorrido durará toda una vida, en aventones, en caminatas interminables, viajando de mosca o de polizón, recorre el territorio nacional durante años, en decisiones repentinas que lo hacen ir de un lado a otro, así lo confiesa en su libro de memorias ÉSTE: “Ha sido durante sagradas micciones que he tomado las decisiones más definitivas de mi vida”.

Así sucede que siendo un exitoso publicista con estabilidad económica y mucho futuro decide durante una “micción” dejarlo todo para irse de vagabundo mendicante por distintas partes de México; cadavérico, con el pelo a la cintura y después de no bañarse durante dos años, en otra sagrada micción decide una vez más cambiar el rumbo; el ciclo que comenzó siendo un infante se repitió una y otra vez en su destino, cerrado violentamente hace nueve años en la ciudad de Toluca.

El trayecto por medio del cual busca “volver a nacer” es sorprendente: vendedor de cosméticos, aprendiz de tornero, mozo de hotel, “fabricante” de brillantinas, repartidor de farmacia, agente de ventas, monje franciscano, marinero en la armada de México, locutor de radio. Socio de una agencia de publicidad, actor de teatro universitario, entrenador de futbol, bibliotecario, profesor de ética en el Colegio Militar y ya viviendo en Toluca hizo una actuación especial para mi película “El Volcán” (Vida del Dr. Gustavo Baz Prada).

Su vocación por la alteridad y su pertenencia a la marina lo llevan a explorar otros universos para convertirse en extra en los estudios de Cinecittá en Roma, camarero en Forte Dei Marmi a orillas del mar de Liguria, burócrata en el Centro ecuménico Nórdico en Asís. Una noche Durante una “sagrada micción” en las ruinas de Pompeya, fue detenido y multado por los carabinieri, ahí tuvo otro punto de fuga, encontró el oficio de traductor; llegaría a ser el más prolífico y preciso traductor de la poesía italiana al español, a tal grado de que fue condecorado con la Orden del Mérito de la República Italiana en grado de “Commmendatore”. Hermanado en muchas facetas con el inmenso Pier Paolo Pasolini, compartirá con él la muerte trágica, insensata, injusta y malditamente poética.

GUILLERMO FERNÁNDEZ fue ante todo un poeta del acto y así lo expresa en un magistral arrebato:

 “Y mi verdad se mueve a ciegas.

Perro sin dueño,

anda y desanda la llanura

en busca de otro cielo claro y justo”

Estaba por cumplir 80 años cuando lo sorprendió la guadaña asesina y tenía 20 de estar en Toluca donde llegó a refugiarse después del temblor del 1985, en el que salvó la vida milagrosamente, pues vivía en el mítico “edificio de las Brujas” que se derrumbó en el colapso.

A sus amigos y talleristas solía expresarles su deseo de que al morir fuese cremado y sus cenizas se esparcieran en el Volcán Xinantécatl (Nevado de Toluca), conocía su magia y por ello advirtió: “Las montañas se mostrarán como deidades reunidas en conclave secreto”

Las circunstancias criminales de su muerte impidieron satisfacer su voluntad con el pretexto de que su cuerpo es “Evidencia” deberían pasar 9 años antes de poder exhumarlo, cremarlo y esparcir sus cenizas en el Xinantécatl. Así que fue sepultado contra su voluntad especifica. En el entierro, sus alumnas talleristas y sus amigos juraron que, cumplido el plazo, harían todo por exhumarlo y realizar su deseo de esparcirse en las sagradas lagunas del cráter.

Se están cumpliendo 9 años de que Guillermo fue aprisionado en una tumba, es la hora de que sus alumnas y amigos cumplan su promesa y como lo hizo el poeta a los 8 años, pueda “nacer de nuevo”, recordemos que alguna vez escribió: “Los sueños son nuestra fabula más cierta”.

De cualquier forma, su asesinato permanece impune, al parecer la justicia mexiquense jamás le hará justicia, seguimos con la pregunta en el aire y no hay respuesta: ¿Quién mató a Guillermo Fernández?

Recordemos, aún no ha hecho su último viaje.

Guillermo Fernández acompañado del escritor Toluqueño Alejandro Ariceaga.

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