Columna  AL TANTO: La estrategia polarizante y distractora de las redes sociales 

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José Antonio Ortega

Atónitos e indefensos. Así nos encontramos hoy en día. Atrapados en la tecnología. Expuestos a grandes flujos de información. Confundidos y manipulados. Sin saber a ciencia cierta como llegamos hasta aquí. Enredados en la red. Navegando entre verdades, medias verdades, y mentiras. Presas de la información y la contrainformación.

Convertidos en rehenes del tráfico en Internet. Esclavizados al ecosistema de redes sociales. Pendientes de Twitter, Facebook, Youtube, Instagram y Telegram. Avanzando a toda velocidad en la supercarretera de la información. Pegados al ordenador, a la Tablet o al Smartphone.

En la búsqueda permanente de algo. A la caza de alguien que se identifique con nosotros. Prestos a chatear y expresar nuestras filias. Dispuestos a  potenciar nuestras fobias. Queriendo abonar a la discusión pública. Esperando la aprobación de alguien  que no conocemos. Pero que está siempre dispuesto del otro lado de la red.

Listo para cooptarnos y abrazar sus causas. Persuadiendo con mensajes que incitan a la confrontación. A tomar partido por su causa. Una causa que no suele ser la nuestra. Que mueve nuestras emociones. Que nos hace tomar partido: hoy por unos, mañana por otros.

Y así estamos en nuestros días. Cada minuto, cada hora: todo el tiempo. Viendo pasar las semanas, los meses y los años. Casi sin sentir, sin ver lo que hay detrás. Sin ver quien o quienes mueven los hilos de una cibercracia que ya se erige como el máximo poder del siglo XXI. Que impone sus reglas y modelos conductuales a gobiernos y sociedades en todo el orbe.

Una cibercracia que se ha hecho de toda nuestra información. Que conoce nuestros movimientos, nuestros gustos. Que nos hace predecibles. Prescindibles y vulnerables. Que lo sabe todo sobre nosotros. Con tanto poder que hoy por hoy es imparable. Prácticamente indestructible.

Mientras tanto…

Los actores políticos en México ya preparan la ofensiva. Buscan regular a las redes sociales. Legislar y transformar sus reglas de operación. No depende de ellos: lo saben. Su batalla podría ser infructuosa. Entienden que deben moderar su discurso de odio. Cambiar su modelo de comunicación política. Moderar su estrategia polarizante o les cancelarán sus cuentas.

Acusan un tufo inquisidor en “las benditas redes sociales”. Tiempos de censura, argumentan. Todo a partir de la cancelación de las cuentas del otrora poderoso presidente estadunidense Donald Trump. De las cuentas de sus seguidores. Temerosos de correr la misma suerte. De quedar sin margen de interacción con los electores.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La batalla por legislar en materia de la comunicación digital apenas comienza. Pero no les dan los tiempos legislativos. Las redes sociales no le pertenecen a nadie en el terreno electoral. Ya se verá quienes tienen la mejor estrategia para la próxima elección. Ya se verá su resultado en las urnas.  El veredicto del electorado.

Allí se calificará la estrategia propagandística. La eficacia del modelo de comunicación política. Los dichos y los hechos. Los logros y omisiones. Pero sobre todo, el manejo de la crisis sanitaria. Los avances económicos. La percepción en materia de seguridad. Los resultados  en materia de impartición de justicia y combate a la corrupción.

Pero la atención de todos está en el plano electoral. En ganar a toda costa una elección que podría posponerse más allá del primer domingo de junio. Quizá para octubre ¿Por qué no? Todo dependerá de que se concrete el Plan Nacional de Vacunación. De que se deje de politizar la aplicación de vacunas.

Por lo tanto…

Las autoridades federales, estatales y municipales están obligadas a actuar unidas. Urge controlar una emergencia sanitaria que al iniciar el año  luce fuera de control. Con el pico de contagios y decesos en un punto más alto cada día. Estamos inmersos en situación tiende a agravarse.

En diez entidades del país el semáforo se mantiene en rojo. Con hospitales, funerarias y crematorios, colapsados. Enero ha sido letal y pinta para peor en su última semana. Son más de 150 mil muertos y un millón 752 mil contagios reconocidos. Muchos otros -atendidos en casa- no se reflejan en el reporte de la Secretaría de Salud.

La pandemia seguirá afectando a la economía, es un hecho. Más de un millón de empresas han cerrado durante la pandemia y cerrarán más. Son datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).  Cifras oficiales que permiten prever la urgencia de concentrar los esfuerzos en la vacunación masiva.

Es imprescindible impulsar una estrategia unificada. Actuar en un mismo frente y esto incluye a todos los sectores de la sociedad. No hacerlo, además de irresponsable, resulta criminal. Las autoridades y los actores políticos tienen la palabra. A los ciudadanos de a pie, únicamente nos queda cuidarnos. Evitar el contagio a toda costa.


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