Columna AL TANTO… Por fin llegó el 2021: la hora decisiva para México

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José Antonio Ortega

El mundo entero despidió al año de la pandemia. Le dijo adiós al 2020 sin el bullicio de antaño. Sin la algarabía de cientos o miles de personas que se congregaban en plazas y centros de reunión. Con la esperanza de que la vacuna contra Covid-19 termine con los contagios. Con los decesos y el luto que nos dejó esta etapa.

Año infausto que confinó a las familias. Alejó a los amigos. Cambió el estilo de vida. Los hábitos y costumbres. Nosotros mismos, ya no somos los de antes. Aprendimos a vivir de otra manera. Marcamos territorio. Nos aferramos a la sana distancia. A los protocolos sanitarios que impone el instinto de supervivencia.

Decimos adiós a un periodo para el que –afortunadamente- ya hay vacuna. Miramos el año que inicia con esperanza. Confiados en una estrategia de vacunación que ya comenzó. Que arrancó con la inoculación del personal médico en primera línea de combate a la pandemia. Heroínas y héroes con los que estamos en deuda.

Son los médicos, enfermeras, laboratoristas, camilleros, ambulancieros y personal  que trabaja en clínicas y hospitales Covid-19. A los que tanto debemos. Un universo de cercano al millón de trabajadores de la salud. La inoculación está en marcha. Con los yerros propios de todo arranque. Con el enorme reto que significa inmunizar a 130 millones de compatriotas.

Arrancan las primeras etapas. El inicio del año se ve promisorio. Con luz de esperanza para los profesionales de la salud y los adultos mayores. Todos estarán vacunados en la primavera. Así lo asegura el Gobierno de México. No vamos a padecer por antígenos, afirma. El esquema podrá abarcar toda la gama de vacunas. Desde la Pfizer/BioNTtech  o la Oxford-Aztra-Zeneca hasta la CanSino Biologics.

Seguirán los adultos de 50 a 59 años de edad entre abril y mayo. La población de entre 40 a 49 años de edad, entre los meses de mayo a junio. Y luego, la quinta etapa de vacunación, la más larga, que será para las personas de entre 39 y 16 años de edad. A partir de junio y hasta marzo de 2022. Pese a todo, hay esperanza.

Mientras tanto…

En la zona metropolitana más grande del país continuamos en semáforo rojo. Con el sistema hospitalario a tope. Con altos índices de contaminación propios de la temporada. Polución generada por la quema de llantas, cuetitos y cohetones. A la espera de retomar la actividad económica. Como en Baja California, Guanajuato y Morelos, también en rojo.

En el Estado de México y la Ciudad de México, se espera con ansia el 11 de enero. La reapertura de: plazas comerciales, gimnasios, cines, restaurantes, bares y antros… Ya se verá. Todo depende de que se aplane la curva. Que disminuya la ola de contagios, el número de decesos. Que se cuente con más espacios en los hospitales. Pero las cifras se mantienen.

Como también se mantiene la actividad electoral. En un 2021 que pondrá a prueba nuestro sistema democrático. Al sistema de partidos y reglas de la contienda. Al régimen de gobierno y su cuarta transformación. A los comicios del primer domingo de junio. Asediados por la pandemia y el abstencionismo histórico.

Con bandos perfectamente definidos. Con alianzas como la conformada por PRI-PAN-PRD, otrora inconcebibles. O la que era muy previsible integrada por Morena-PT-PVEM. El partido verde que nunca maduró. Que sistemáticamente vende su franquicia al mejor postor. Vicio jurídico, vacío legal; incongruencia política que debe revisarse.

Allí están también, las nuevas organizaciones políticas. Redes Sociales Progresistas (RSP), Fuerza Social por México y el reciclado Partido Encuentro Solidario (PES). Las que por ley tendrán que ir solas. Las que seguirán la vieja costumbre de la pepena política. Pero también Movimiento Ciudadano, el partido naranja que –por el momento- no da color.

Todos ellos, juntos y revueltos. Solos y por su cuenta. Se acomodan y lanzan en pos de los 20 mil 792 cargos en disputa. Buscan incidir en la vida pública. Participar en la elección más grande de la historia. La que tocará 30 entidades de la república. Que busca cambiar la correlación de fuerzas.

Desplazar a Morena y su mayoría parlamentaria. Quitarle 309 de los 500 escaños de la que ocupa en la Cámara Baja del Honorable Congreso de la Unión. Impedir que asuma alguna de las 15 gubernaturas que renovarán los estados de: Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

Cerrarle el paso a las mil 63 diputaciones locales en disputa. Impedir su triunfo en las mil 923 alcaldías que se renuevan. Las 2 mil 60 sindicaturas y 14 mil 596 regidurías. La suerte está echada. Todo dependerá de la estrategia. Pero sobre todo de la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

En la entidad mexiquense comienzan las definiciones. Enero será determinante. Los diez partidos políticos en contienda deliberan. Disponen de plazos perentorios para definir candidaturas comunes o formalizar coaliciones. Serán clave los días 23 y 26 de enero. A partir de ahí las precampañas, hasta el 16 de febrero.

El calendario para la elección está en marcha. Siete partidos políticos de viejo cuño. Tres fuerzas políticas emergentes: RSP, PES y Fuerza Social por México. Todos con el mismo fin. Con idéntico propósito, frenar a Morena. Parar en seco una cuarta transformación que apenas inicia.

Todos por convencer a los cerca de 12 millones de potenciales electores. Por obtener el triunfo ya en los 41 distritos federales electorales, ya en los 45 distritos locales. En los 125 Ayuntamientos. Todos por refrendar la reciente derrota de Morena en Coahuila e Hidalgo.  Por el resultado con el que arrasó el PRI en esas entidades.

Sin embargo acá el escenario es diferente. Los grandes estrategas del PRI emigraron a otros institutos. Dos ex presidentes tricolores: Isidro Pastor Medrano, hoy militante y dirigente del PES, Mauricio Valdés Rodríguez, militante de Morena. Pero también Efrén Rojas Dávila, experto en estrategia política, que en breve aparecerá en escena.

Por lo tanto…

Sigamos con los protocolos sanitarios esenciales. Con las medidas de mitigación que impone una pandemia, que sigue causando estragos. Esperemos pacientemente la etapa de vacunación que nos corresponda. Atendamos las indicaciones del semáforo epidemiológico.

Recordemos que la vacuna no significa la cura. Que el antígeno contra al SARS-CoV-2 es preventivo. No es la cura definitiva. Que el uso del cubrebocas y el lavado frecuente de manos resulta de la mayor importancia. Son medidas que llegaron para quedarse. Así también la educación a distancia. El trabajo en casa, será la constante.

Los partidos políticos tendrán que imaginar nuevas formas de hacer proselitismo. Olvidarse del acarreo con que nutrían sus eventos multitudinarios. Hacer uso intensivo del marketing en redes sociales. Transitar hacia una nueva forma de hacer política. Refrendar su compromiso con la democracia.

Asumir las reglas del juego. Atender las decisiones de los órganos electorales. Impugnar lo que a su derecho convenga. Recurrir a los órganos jurisdiccionales, de ser el caso. Acatar los fallos y sentencias. Juego limpio es lo que se requiere. Fortalecer y perfeccionar nuestro sistema democrático.

Puede no ser el mejor, pero es el que tenemos. El que nos da el poder de acudir periódicamente a las urnas. De optar por un cambio. De definir el rumbo de nuestro municipio, de nuestro estado y la ruta de la nación. Sólo se requiere de la participación y decisión colectiva. Del análisis y decisión adecuada al emitir el voto.

El año que inicia será decisivo para ello. Pero también para tener presente que la fortaleza de la democracia reside en los electores. En ciudadanos informados, conscientes del acontecer de un mundo global. Es un buen momento para empezar a construir ciudadanía. Podemos hacerlo. Generar los cambios que requiere nuestro México lindo y querido.

El nuevo tiempo mexicano demanda ciudadanos activos. Comprometidos con la transformación de estructuras sociales obsoletas. Con la erradicación de prácticas políticas caducas. Con la enseñanza de principios y valores desde el hogar. Con la cultura de la legalidad y el respeto al estado de Derecho.

El nuevo año 2021 puede ser la puerta de entrada al cambio y la transformación o del retorno a lo de antes. La respuesta no radica en los partidos políticos. Reside en una ciudadanía responsable. Vayamos a las urnas y definamos el México que queremos. Demos seguimiento a los compromisos. Desechemos a los políticos falaces ¡Ya es hora!

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay


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