Columna Al Tanto: ¿Posverdad y demagogia? Es tiempo de debatir

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José Antonio Ortega

Llegó el otoño y la pandemia sigue. También el confinamiento. El miedo a un nuevo virus persiste; campea el temor al contagio… a la posibilidad de morir. Continua la incertidumbre, alimentada por la excesiva cantidad de información y desinformación que  circula por Internet: infodemia le llaman.

Todos estamos expuestos. Vulnerables a las noticias, a las opiniones y encuestas que saturan las redes sociales, la radio, la televisión. Convertidos en consumidores y productores de contenidos, atrapados en la supercarretera de la información. Frenéticos, subiendo y bajando información de las plataformas de YouTube, Facebook, WhatsApp, Facebook Messenger y Twitter.

Más conectados que nunca. Inmersos en un ecosistema de comunicación en el que confluyen la verdad y la mentira. Todo al alcance de un teléfono móvil. Las noticias del momento, junto con historias engañosas, propaladas con el deliberado propósito de tergiversar, de confundir.

El espacio público se llena con declaraciones y verdades sospechosas. Son los tiempos de la posverdad,  de la “Distorsión deliberada de la realidad, que manipula creencias y emociones, con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales” como define el diccionario de la Real Academia Española, al acotar que los demagogos son maestros de la posverdad.

Seis meses y contando. En espera de la  vacuna, que nos dará la anhelada inmunidad. El regreso al estilo de vida que tuvimos antes de este inesperado acontecimiento. La posibilidad de poder adaptarnos a la nueva realidad que no a la “nueva normalidad”, que pretende vendernos la narrativa oficial.

Mientras tanto…

Muy a tono con los tiempos de la posverdad, el espacio público se llena con noticias falsas, con declaraciones y descalificaciones que polarizan, que dividen, justo cuando debiéramos estar más unidos, más coordinados, ante una emergencia sanitaria que requiere atención especializada; no política, como se le ha dado.

Pero la lucha por el poder no da tregua ni respiro. Los tiempos de la cuarta transformación tampoco. Los intelectuales, académicos, científicos, artistas, cineastas, poetas y escritores, se abren espacio en la escena pública y mediática, piden que pare el discurso de estigmatización y difamación que lanza todas las mañanas, de manera permanente, el inquilino de Palacio Nacional.

Surge el manifiesto en Defensa de la libertad de expresión, en el que consideran que “La libertad de expresión está bajo asedio en México. Con ello, está amenazada la democracia”, aseguran 650 firmantes.

Desde las alturas del poder, la respuesta no se hace esperar, es inmediata, contundente: son reconvenidos. Se les insta a ofrecer disculpas por el silencio cómplice que guardaron en las administraciones pasadas, toda vez que es “demostrable que ellos eran bien atendidos por el gobierno”. Se abre el debate.

No vamos a censurar a nadie, no vamos a perseguir a nadie, van a tener garantizadas sus libertades. No somos autoritarios, afirma el jefe del Ejecutivo federal quien celebra que haya debate en el país. El tema se convierte en tendencia, en algo que llegó para quedarse y saturar las redes.

Por lo tanto…

Debemos estar atentos. Poner a prueba nuestra capacidad de análisis y reflexión. Nuestro sentido común y nuestro discernimiento. Encontrar las distintas aristas de una estrategia que tiene como objetivo cerrar el paso a una cuarta transformación, que eliminó los privilegios a los que estaban acostumbrados los barones del poder económico.

No podemos ni debemos permitir que la polémica y la polarización se apoderen de la agenda nacional y contaminen el imaginario colectivo. Debemos tener claro que el asedio a la libertad de expresión en México no es nuevo. El periodismo ha estado bajo asedio desde siempre.

No me vengan a decir que en los sexenios de los presidentes: Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto la libre manifestación de las ideas nunca fue objeto de inquisición judicial o administrativa. Hemos tenido que recorrer un largo camino para llegar hasta donde estamos.

Debemos abrir el debate, no quedarnos en desplegados o descalificaciones: replantearnos como periodistas. Justipreciar que en  una democracia como la nuestra, todos tenemos la inviolable libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio.

Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura ni coartar nuestra libertad de difusión: es un derecho, una garantía individual, consagrada en nuestra Carta Magna.  Bienvenido el debate, la apertura a las ideas y propuestas para el bien común. Consolidemos la democracia. México nos necesita a todos.


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