¡Bueno para la vida, malo para la función!: el IMSS de la Cuarta Transformación

SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS

 Félix Morriña

Aquí como en la cárcel, traga más pinole el que tenga más saliva. La única diferencia entre la Clínica 251 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Metepec y cualquier centro penitenciario mexiquense, es lo lúgubre, pero el derechohabiente se siente igual de inseguro. Aquí, al igual que la cárcel, sino haces migas, estás perdido. El IMSS vive su peor histórico episodio en todo el país y tocó a este interlocutor vivirlo desde dentro.

Cuando digo que el derechohabiente se siente inseguro, como le sucedió a este #ServibaryAmigo, #DandyperoPunk, #ElCinicoMayor, al ser una entidad independiente, ajena al seno familiar por razones diversas, entre ellas: la (sana) distancia, los familiares de los demás pacientes, algunos de ellos de mala semilla y talante, sientes que si te duermes, te roban. Estuve seis días internado-preso por una hernia discal en la zona lumbar, cuya crisis derivó en la inmovilidad total, afectando de manera severa mi sistema digestivo y nervioso.

Por las noches, al no tener compañía, la mayoría de las veces, en algunas se escapaba de cuidar a su padre, internado, exactamente un piso arriba, el tercero, una sugestiva morocha figura femenina llamada Laura Rivas, una amiga de años con la que he convivido poco, pero nos sabemos cerca. Fue mi ángel de la guarda algunas horas previo al delirium tremens. La gente que me aprecia tiene sus propias preocupaciones y agendas apretadas, por lo que estuvieron en su justa medida pendientes y preocupados. No logré jamás conciliar sueño por más de una hora, porque los dolores y la incomodidad con la que te trata la mayoría del sometido y amargado personal de la decadente institución, provocan una inestabilidad emocional y sicológica insoportables.

Por supuesto, hubo personal de enfermería y médicos especializados (estamos en manos de los médicos millennials, neta me costó trabajo convencerme de que sabían lo que estaban haciendo, ¡Y bueno, sigo vivo!), que por ellos meto las manos al fuego. No menciono algunos nombres, como tampoco los de la mayoría de mis amigos, a quienes agradezco su incomparable apoyo, como el de los hermanos Romero, Osvaldo y Noé; porque sería injusto, y ahora la memoria no está al 100 por ciento y puedo dejar fuera alguno igual de importante que el resto. Es más, en este momento, mientras redacto esta entrega, me siento un zombie en cámara lenta, un dipsómano cannábico en un filme en blanco y negro. Todo lo hago muy lento. Extraño mi movilidad, mi hiperactividad, pero la vida me cambió de la noche a la mañana y hay que aceptarlo.

Hace mucho tiempo que el virtuoso binomio médico-paciente, se perdió, porque las crisis económicas y la inestabilidad diversa de la famosa Cuarta Transformación en el IMSS, se observa a larga distancia y no se ve más que pura incertidumbre. ¡Vamos¡, la corrupción ventilada hasta ahora por “pésimos manejos administrativos”, está chévere, pero no resuelven en nada el tema de la adquisición de medicamentos, y si a eso le agregamos  la falta de una infraestructura adecuada para dar el servicio óptimo, derecho del paciente, estamos perdidos.

Me tocó saber de la muerte de varios, mientras estuve ahí. Me enteré de gente que no podían atender porque no hay los aparatos indicados para varios pacientes. ¡Todo esto fue un paseo dantesco!, en especial Urgencias, que puede ser comparable a un hoyo junkie de Tijuana, donde todos están a punto de morir por sobredosis, y aquí de variadas enfermedades.

A nadie importa allá dentro, en el reclusorio elefante blanco llamado nosocomio, tu humanidad. El IMSS perdió su sentido de calidad humana, al grado de verte como un costal de bacterias, un animal perdido, sin futuro, un ente insignificante, digno de partir de este mundo en cualquier momento. Nunca aplicaron la importancia de la sicología del paciente. ¡Es pedir peras al olmo!

Ese sordo silencio en el que se vive en un nosocomio por las madrugadas, sólo es comparable al estar entubado (entambado), casi sin respirar, o estar dentro de la cápsula del gigantesco imán de la resonancia magnética por largo tiempo y sin tapones. Sientes que la cabeza de estalla, las sienes están al máximo de su capacidad. Hubo momentos en los que sentía que me iba, máxime cuando la madrugada del lunes 26 de mayo, mientras difícilmente redactaba en mi dispositivo móvil, un bosquejo literario sobre mi estancia en el infierno, vestido de cielo. Tras leer por un par de horas, “Breviario de los vencidos” del maese EM Ciorán, prestado por el amigo camillero Sergio “El Pecas”, con quien he tenido gratos encuentros dipsómanos con anterioridad, me llega la inesperada noticia de que falleció en La Habana, Cuba, mi “Patita” (gran amigo-hermano en peruano, país al que fui apoyado por él), el poeta, narrador, cuentista, investigador y cronista, Marco Aurelio Chávezmaya, a quien le hice la última entrevista para AD Comunicación (Alfa Diario).

Aún no me recuperaba emocionalmente de esta pérdida, en medio de la extrema mortecina y triste soledad, que te ofrecen en charola de plata en este nosocomio, cuando a la noche del mismo día, muere el veterano artista plástico, Rodrigo Almanza Villanueva (80 años), padre del camarada, también pintor, Rocco Almanza. ¡Sólo pedí al Universo que no me llevaran de compañía!

Estaba tan asustado que recordé una pieza nodal en mi “religioso” universo rockero para no dejarme caer. Mi ánimo estaba desbordado. Lloré largo rato en mortecino silencio, hasta que del celular salieron las notas al piano forte de John Cale, cantando “Aleluya”:

Entre las fiebres constantes que me desubicaban, con todo y delirum tremens en mi prisión en blancos y una desvencijada bata verde sobre mi corpus, en la que no se distinguen los emblemas de la institución pública (in) salubre, trataba de recordar las pesadillas para delimitar mi entorno. Nunca pude resolver los acertijos que se me presentaban, y eso me tuvo en vilo las cinco noches y un día que estuve paciente-preso, en donde nunca pude dormir, como en la cárcel. ¡Estás alerta, no sea que ya no despiertes más!

En esa madrugada, tras una pequeña, pero sustanciosa interacción con “París-Londres”, vía WhatsApp, me compartió estar escuchando al mismísimo Elton John, con la inigualable canción “Rocket Man (I think it’s going to be a long, long time); de inmediato, hecho pedazos, le dije que pensaba hacer mi última parada, despegar, volar, irme lejos, irme de la tierra para convertirme en “Starman”, pieza nodal en la vida creativa de mi grandioso David Bowie. ¡De “Hombre Cohete” a “Starman”, no hay mejor elección!

Ipso facto, enfatizó que ya tenía el bosquejo de esta columna, y así fue. Incluso, estas dos rolas quedan ad hoc, para alguien importante y especial para este #DandyperoPunk, que ya aterrizó en Montreal, Canadá. ¡Disfruta tu estancia en el país de la hoja de maple, adorada “Chrissie Hynde del altiplano mexiquense”! ¡Saludos Pedro Contreras Nava! ¡Aloooo Piere Louis!

Elton John, “Rocket Man (I think it’s going to be a long, long time)”:

“She packed my bags last night pre-flight/ Zero hour nine AM/ And I’m going to be high as a kite by then./ I miss the earth so much/ I miss my wife/ It’s lonely out in space/ On such a timeless flight./ And i Think it’s going to be a long, long time/ Till touchdown brings me around again to find/ I’m not the man they think I am at home/ Oh, no, no, no, I’m a Rocket Man/ Rocket Man/ Burning out his fuse up here alone…”.

“Ella me hizo las maletas anoche, antes del vuelo,/ La hora cero (de partida), las nueve de la mañana/ Y para entonces voy a estar elevado como un cometa/ Echo tanto de memos la tierra,/ Echo de menos a mi mujer./ El espacio es un lugar solitario/ En un vuelo tan infinito./ Y creo que va a pasar mucho tiempo, mucho tiempo/ Hasta que el aterrizaje me traiga de vuelta para descubrir/ Que no soy el hombre que en casa se piensa que soy./ Oh, no, no, no, soy un Hombre Cohete./ El Hombre Cohete,/ Consumiendo su mecha aquí arriba en soledad…”.

David Bowie, “Starman”:

Antes de terminar esta entrega de mis #SilenciosEstereofonicos, uno de mis fieles seguidores lectores, comentó en una de mis publicaciones sobre este caso en Facebook, que hiciera un viaje interior, reflexivo, conceptual, experimental y espacial especial, con la música de Pink Floyd. El resultado es este: Pink Floyd, “Comfortably Numb”:

Estimado lector, seguidor de mis redes sociales, si eres derechohabiente del IMSS (y de cualquier institución de salud pública), en la que no hayas recibido lo que por derecho te pertenece, tu obligación es ayudar a resolver, por cualquier medio, cualquier tipos de contingencia hospitalaria, porque se convierte muy rápido en un foco de infección. Si no lo haces tú, te come el sistema en un abrir y cerrar de ojos. Recuerda que aquí come más pinole, el que tiene más saliva.

Me despido, compartiendo una acotación en una nota médica de la especialidad en traumatología, dirigida por el Dr. Arturo Leal Oliva, en la que mi diagnóstico no disminuye mi expectativa de vida, es decir, que tengo posibilidades de vivir el tiempo que me corresponde como debe, pero que puedo tener recaídas, algunas veces constantes. ¡Debo cuidarme casi en extremo!

Me dejó satisfecho el diagnóstico, por el acertado ingenio de llegar a sentirme así. Me gustó porque entre tanta negligencia, descuidos y cualquier tipo de pretexto, haya aire en la sala para despegar cualquier acertijo literario. Me gustó porque deja en claro, lo que sigue y lo que debo hacer. Requiero cuidar y amar este corpus en el que habita conciencia rebelde y muy guerrera. Los dolores seguirán en la medida en la que lo haga mi nueva escafandra, para luego recordar la sensibilidad perdida y disfrutar lo que nos quede de estar en esta faz de la tierra. Nos vemos en breve:

¡Bueno para la vida, malo para la función!

fmorrina@yahoo.com.mx

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